sábado, 13 de noviembre de 2010

estamos leyendo...

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Todavía asombrado por el descubrimiento, da unos pasos al azar buscando situarse en el mismo lugar de antes. Al fin, a poca distancia del cadáver, justo en el ángulo recto que forma la calle, tiene de nuevo la impresión de penetrar en ese mismo espacio angosto, singular, donde el aire está inmóvil, los sonidos se perciben de modo apagado y distante, y hasta la temperatura parece distinta. Un vacío casi absoluto que incluye lo sensorial. La certeza sólo dura un momento, y se desvanece enseguida. Pero basta para erizarle el vello al policía. 

El Asedio, Pérez-Reverte.

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